• Karen Fraire ha publicado una actualización hace 1 año, 9 meses

    ACTIVIDAD 1. INTRODUCCIÓN

    Dentro de cada ser humano hay un océano de emociones, lecciones aprendidas y momentos. Cada paso, cada logro, es único e invaluable. Y dentro de cada universo individual, hay historias que simplemente no existen palabras suficientes para describirlas en su totalidad. Así de inmenso y complejo es el corazón de las personas. Pero de igual manera, eso es lo que hace bella a la vida. En el supuesto de que alguien hiciera una autobiografía mía (o de cualquier hombre o mujer), téngase en consideración que siempre sería una reseña, una sinopsis del vasto cosmos llamado experiencia humana. En este particular caso, se expondrá dicho supuesto ponderando no los logros académicos, ni los éxitos laborales, sino la esencia. Eso que va más allá de rangos, puestos, status, y demás divisiones, y que es lo que mueve al hombre a alcanzar su máximo potencial. Dicho esto, lo que un observador crítico vería en la historia de la vida de Karen Fraire sería a un ser humano que ha afrontado la adversidad, si bien con dificultad en ocasiones, siempre con toda la fuerza de su espíritu. Y que gracias a su corazón y al amor que la ha rodeado a lo largo del camino, ha sabido salir adelante.
    Las victorias nunca son en solitario, sino que siempre hay faros de luz en el camino. El sendero que Karen Fraire ha recorrido, y los éxitos que ha logrado han sido en parte gracias al apoyo de la gente que la rodeaba y sus fuertes cimientos. Sus padres fueron pobres en la infancia y lograron salir adelante, por lo que ella aprendió desde chica a esforzarse y a soñar con superarse, primero académicamente, y ya en su juventud y adultez, sentimental y laboralmente. A pesar de que encontró obstáculos en ocasiones, encontró siempre la manera de convertirlos en experiencias de provecho. La soledad de su niñez la transformó en sabiduría y desapego. La depresión que padeció después de perder al amor de su vida, y el mobbing y discriminación que vivió en uno de sus trabajos los convirtió en fortaleza para luchar por sus sueños. Cuando éstos se vinieron abajo, y todo sentido de existencia desapareció, ella se levantó con lo único que le queda al hombre cuando toda causa está perdida: la fe. Cuando la historia parecía volver a repetirse en su vida, ella usó las herramientas que había adquirido a lo largo de los años y comenzó a instruirse más, a hacer ejercicio, a prepararse para seguir luchando por salir adelante, y ser una persona diferente de lo que había sido hasta ese momento. Porque después de una gran crisis, ningún ser humano puede volver a ser el mismo, y no debe. Las experiencias de la vida son para eso: para remover aquello que no sirve y dejar únicamente lo que realmente vale la pena. Por supuesto, ninguna historia está libre de lo que comúnmente se le llaman “fracasos”. Tuvo muchos, y también dejó ir oportunidades. Tomó malas decisiones, y después se arrepintió. Pero sin esos errores, sin esos fracasos, sin las experiencias de desilusión, desamor, profunda tristeza, no sería lo que ella es ahora. Aprendió que la felicidad se encuentra no en obtener ni desear cosas, empleos, trabajos, sino en expresar y manifestar lo que se es por dentro. Y que la abundancia llega cuando se descubre que siempre estuvo dentro de uno mismo.
    La poca o mucha experiencia adquirida ha sido ganada bajo el orden natural de las leyes del universo: tomando su tiempo. En un mundo cambiante, donde todo está a la disponibilidad de un click, y que lo estará aún más con la llegada del 5G, sería bueno recordar que las circunstancias de la vida traen eventos que muchas veces las personas no pueden controlar, pero está en cada uno tomar la decisión de la perspectiva con que se miran. Las adversidades pueden verse como un problema, pero también pueden ponerse bajo la lupa como una oportunidad de cambio. Y el mejor cambio que puede haber es empezar por mirar adentro, pues se encontrará que todo coraje, inspiración, fortaleza, valentía, incluso amor, siempre, siempre, estuvo en el interior.
    Sobre mi forma de aprendizaje, ésta se ha dado en dos vías: la del dolor y la del estudio. Podría decir que, cuando estoy en sintonía con el universo, aprendo más a través de mi propio esfuerzo personal por aprender. Y cuando no es así, el universo pone las medidas para hacer entrar la luz a través de las rendijas de prejuicios, emociones y pensamientos que no me son útiles. Así las cosas, y así mi este esbozo de mi vida. Espero que les guste, compañeras y les mando un enorme abrazo.