Reflexiones en torno al equinoccio

Texto de Francisca Escobar Molinari y Gurujiwan Kaur, de la Corporación ERES

Imagen arriba de Freepik www.freepik.com, editada por nosotras

Hoy, 21 de septiembre, todo el planeta comparte la misma cantidad de horas de día y de noche. Es un fenómeno de nuestro sistema solar que ocurre dos veces al año, los equinoccios, hitos que marcan el cambio de las estaciones; en este caso, el tránsito de invierno a primavera en el hemisferio sur. Ya pasamos los días cortos y oscuros del invierno. Con cada amanecer nuestras jornadas se alargan unos segundos o unos minutos, según la distancia que tengamos de la línea ecuatorial.

Si asumimos que, como todos los seres vivos, los humanos también otoñamos y primaveramos (porque como sabemos, estamos interconectados a todo), entonces ¿cómo relacionamos este estado cósmico con nuestros propios ritmos como seres vivos? En lo cotidiano, por ejemplo, ¿nuestras actividades van sintonizadas con el ritmo de la naturaleza, que nos llama a descansar cuando el sol se pone? O, ¿hacemos parte de una cultura centrada en la producción y el rendimiento, que rompe estos ritmos y altera nuestros ciclos circadianos y bioritmos, pasando por alto los tiempos de descanso?

La distancia de la cintura planetaria -que conocemos como ecuador- define la cantidad de horas de luz que recibimos en cada temporada; esto se suma a otros factores regionales (como el clima) o locales (como la altitud) que también harán lo suyo para aumentar o disminuir la luz solar que recibimos finalmente en nuestro particular lugar del mundo. Nos resulta interesante reflexionar sobre cómo esa ubicación relativa marca nuestras culturas, con costumbres y tradiciones vinculadas a los climas y las horas de luz. Y cómo en distintos puntos del planeta existen hermosas ceremonias que con cantos, danzas, fuegos y artes nos recuerdan que somos parte de estos ritmos. ¿Hay alguna ceremonia que te guste celebrar por estos días? ¿Haces parte de una comunidad que se reúne para el equinoccio?   

En las ciencias, el sol es la energía primaria de toda la vida, procesada por las plantas y luego consumida por cada eslabón de la cadena alimentaria. Visto así, incluso el petróleo no es más que energía solar captada por organismos marinos, transformada y almacenada en depósitos durante millones de años. La realidad es que toda nuestra energía proviene de la luz del sol, esa cascada de energía permanente que recibimos sin dar nada a cambio. El sol es fuente de vida, nos carga y nos mantiene saludables.

En algunas culturas tradicionales se habla del sol como un padre generoso, que nos alumbra cada día, a todos por igual, sin juicios. Representa la energía masculina, extrovertida, en contraposición a la energía lunar. En este momento de equinoccio, ocurre el equilibrio entre estas dos polaridades de día (sol) y noche (luna). 

Celebramos el equinoccio, celebramos los ciclos, celebramos al sol y nos sumamos con gratitud a la bella energía de florecer a la que nos invita la primavera. Es un tiempo de purificación y limpieza, preparando el terreno para la renovación y el crecimiento. Y tú, ¿para qué renovación te estás preparando?

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